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Vinos que hablan de una familia real

Grecia, cuna de la política y de la cultura occidentales, pareciera  reflejar el desastre ambiental que podría suceder en el mundo si no cambiamos. La catástrofe llegó con un incendio atroz que no solo acabó con bosques y propiedades, sino también con las abejas que producían una de las mejores mieles del mundo, la de pino, explotada desde la antigüedad. Lamentablemente los enjambres  desaparecieron y los grandes pinares que le daban un toque azulado al bosque se calcinaron. La miel, ese superalimento consumido por los helenos desde hace siglos, tardará nuevamente en llegar a los paladares  que buscan placer y salud.

Los griegos conviven con este enemigo infernal desde hace años debido a las altas temperaturas, a las pocas lluvias y al viento. Este año el enemigo se hizo apocalíptico. Entre las personas más preocupadas por esta catástrofe se encuentran los miembros de la familia real griega, pues las llamas estuvieron a punto de consumir el palacio de Tatoi, el lugar donde transcurrió la infancia que luego les fue expropiado por la Dictadura de los Generales, que no solo  los exilió sino que les arrebató también la nacionalidad, convirtiéndolos en apátridas.

El palacio quedó abandonado porque los “antihistoria” perseguían borrar el pasado monárquico, una idea enajenada de aquellos que no entienden que negar el ayer es ir contra la propia historia. Esto no lo digo yo, sino el historiador  Tom Holland cuando afirma que  “Mutilar el pasado de un país destruye también su futuro”.

En Tatoi se perdieron objetos que narran la historia desde 1872 -con el reinado de Jorge- y revelan pensamientos, costumbres y el quehacer de más de un siglo. Jorge I se casó con  Olga Konstantínova Románova y tuvo ocho hijos, uno de ellos fue Constantino, abuelo de Sofía de España, y otro, Andrés, fue el padre del príncipe Felipe de Edimburgo y esposo de Isabel II de Inglaterra.

Una de las iniciativas del actual gobierno griego ha sido rescatar a Tatoi y colocarlo en la lista de edificios culturales. En ese trabajo de restauración aparecieron objetos de valor, vinos y licores que compraron los reyes Constantino I,  Jorge II y Pablo I, hasta 1964 cuando se coloca el punto final de la monarquía griega.

Imágenes: greece-is.com

Etiquetas y botellas

En ese trabajo curatorial aparecieron piezas valiosas de arte, carruajes, muebles y vestuario que habían pertenecido a la familia real. Pero además de estas piezas que muestran el modo de vida del grupo que por consanguinidad está vinculado a todas las casas reales de Europa, se encontraron otras que hablan de los gustos gastronómicos de Constantino y Pablo de Grecia.

Unas cajas revelaron el tesoro deseado de cualquier coleccionista: unas 4.000 botellas de vinos y licores. De acuerdo a los entendidos se tratan de botellas consideradas como únicas, en las que destacan las del cotizado viñedo Château Margaux.

El encargado de la tarea de dar nombre, poner precio y contexto a cada botella es Periklis Baltas, quien se ocupa del archivo histórico de Achaia Claus, bodega fundada en 1861. En el libro de honor de Achaia Claus se encuentran firmas  de figuras míticas como la emperatriz Sissi de Austria, la genial actriz y activista política Melissa Mercuri, varios miembros de la familia real griega, el armador Aristóteles Onassis y la recordada Nadia Comaneci.

Otra de las referencias son las etiquetas que indican la preferencia de esta casa real por los vinos franceses. En este hallazgo abundan los Château Rothschild, finca ubicada en Burdeos que ha tenido siempre en su catálogo algunos de los mejores tintos del mundo.

Los cultivos de Château Lafite Rothschild es propiedad de Domaines Barons de Rothschild. Se trata de uno de los viñedos más grandes de la zona del Médoc, con una plantación de las variedades de Cabernet Sauvignon, Merlot, Cabernet Franc y Petit Verdot en distintos porcentajes.

Llamó la atención un whisky considerado una  joya, el de la edición especial con botella de cerámica que lanzó Chivas con motivo de la entronización de Isabel II, por lo tanto tiene casi 70 años, el tiempo de permanencia de la reina de Inglaterra en el trono. Este blend salió bajo la etiqueta de Royal Salute. Se trata de un sofisticado licor cuyo whisky más joven tiene 21 años.

Cabe destacar que cuando se cumplieron los 60 años del reinado de Isabel II, el maestro Colin Scott creó otro blend todavía más excelso, por lo que se necesitaba una botella más suntuosa pues el whisky más joven contaba con la friolera de 45 años. Esta joya necesitaba un envase igualmente lujoso por ello idearon un frasco de cerámica con detalles en oro, plata y brillantes, elaborado por la firma Garrard, la misma que diseña joyas para la Corona desde hace dos siglos.

En 2018 con motivo de la boda de los duques de Sussex crearon tan solo 70 botellas de otro blend de lujo. Se usaron whiskies madurados completamente en barricas de roble americano, en honor a Meghan, quien es californiana. Algunos de estos destilados se  cuentan con 36 y 33 años por las edades que tenían los novios entonces.

La existencia de estas etiquetas permite  suponer que los reyes cuidaban su bodega, bien porque disfrutaban con una buena bebida, algo muy propio de la gente del Mediterráneo y, por otra parte, les gustaba presumir y quedar bien con sus invitados.

 Los encargados de organizar  la colección de vinos y licores de Tatoi consideran que al valor como colección, se suma el interés científico y de investigación.

La ministra de Cultura de Grecia, Lina Mendoni,  explica que para la evaluación de los vinos están trabajando con científicos especialistas que tienen el conocimiento enológico para poder concederle verdadero valor histórico.

Así vemos como una bodega narra la vida de sus dueños.

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