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Paseo entre burbujas: mi visita a la bodega Cavas Hill

Hay lugares que te reciben como si te estuvieran esperando desde hace años. Así fue mi llegada a Cavas Hill en el corazón burbujeante de Cataluña. Apenas Nuria Tombas, Export Legal del Grupo Ferrer Wines, me recibió en la estación de tren, supe que este no sería un tour cualquiera. No era sólo una visita a una bodega; era una experiencia que iba a quedarse en la memoria, como ese vino que uno guarda para una noche especial.

Cavas Hill data de 1887. Fundada por la familia Hill, en el año 2021 pasó a formar parte del grupo Ferrer Wines. Desde el primer momento de mi llegada allí, la experiencia fue remarcablemente especial. Cercanos, cálidos, sin pretensiones. Como si te invitaran a su casa, no a una cava centenaria. Me ofrecieron un recorrido íntimo, sin prisa, por la historia y el alma de la bodega habitada por Gaudí. Pasillos que huelen a tiempo, barricas que guardan secretos, y techos bajos que parecieran obligarte a hablar bajito, para apreciar la solemnidad del vino.

La cata fue el corazón palpitante de la visita. Y ahí, frente a una mesa servida con carácter —madera rústica, luz cálida, copas brillando— comenzó el ritual.

El Cavas Hill Brut Reserva fue el primero en llegar, como quien rompe el hielo en una conversación. Burbujas finas, persistentes, como una elegante carcajada. En boca, fresco y vibrante, con esa acidez juguetona que despierta el apetito y te hace salivar, como cuando estás a punto de besar. Aromas de manzana verde, y esa sensación de que algo bueno está por comenzar.

Luego llegó de Bodegas Vionta el VIONTA Albariño, de Rías Baixas, y ahí el aire cambió. Fue como esa pequeña ola suave que te acaricia los tobillos. Aromas florales y un guiño salino que hablaba del mar sin mencionarlo. En boca, untuoso pero fresco, con una acidez que sostenía la conversación como un buen amigo: presente, pero sin interrumpir. Sentí verano, sentí Galicia, sentí ganas de quedarme ahí con esa copa todo el día, compartiendo con el divertido equipo de Cavas Hill. 

Después apareció de Bodegas Valdubón su Valdubón 9 meses, Ribera del Duero, y todo se tornó más profundo. Un vino que entra despacio, con peso y elegancia, como quien ha vivido lo suficiente para saber que la sabiduría viene acompañada de serenidad. Notas de fruta negra madura, madera bien integrada, un leve especiado que abrazaba sin apretar. En boca, redondo, con taninos amables que acarician el paladar como terciopelo viejo. Me recordó a una sobremesa larga con gente querida, de esas que no quieres que terminen nunca.

Cada vino fue maridado con bocados que parecían hechos para él. Quesos, embutidos, panes cálidos y aceite que sabía a campo y a sol. Todo servido en esa mesa que parecía tener historias que contar. Y yo, ahí, como un invitado accidental en una celebración que llevaba años planeándose.

Salí de Cavas Hill con el corazón lleno, los sentidos despiertos y una sonrisa que no me quité en todo el día. A veces, el vino no solo se bebe; se vive. Gracias especiales a Nuria y Meritxell, hicieron de esta visita una experiencia inolvidable.

Coordenadas: varios de estos vinos de @cavashill @bodegas_valdubon y @bodegas_vionta del Grupo @ferrerwines @ferrerwinesve se comercializan en México y Venezuela.

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