Tequila: esa pálida llama que atraviesa los muros

La coctelera de Haghenbeck

Un shot de tequila puede salvar una vida. Esa “pálida llama que atraviesa los muros” -Álvaro Mutis dixit– no solo nos acelera y reconcilia de inmediato con la realidad, también nos abre las puertas del paraíso.

Aquel sorbo salvaje que la Revolución Mexicana impuso como símbolo de identidad nacional con el favor del cine, ya no es el “trago de hombres” que envalentonaba a los desposeídos en las novelas de Azuela y Rulfo, ni es el mezcal amargo de Malcoml Lowry que abandonó al cónsul en un barranco de Cuernavaca.

El tequila de hoy es una fiesta donde bailan el yin y el yang del agave azul, un derivado del cóctel preferido por Rita Hayworth y el silver rajado a palo seco por El Indio Fernández que desemboca en los “drinquis” cruzados entre Kate del Castillo y Sean Penn antes de entrevistarse con El Chapo Guzmán.

De esa mezcla histórica, batida por la industria del entretenimiento, nació un auténtico coctel textual titulado El caso tequila (2011), preparado por F. G. Haghenbeck, un barman literario mexicano de ascendencia alemana. La particularidad es que este cocktail se sirve en forma de novela negra y tiene un protagonista, Sunny Pascal, que vuela de Los Ángeles a Acapulco con la misión de proteger a Johnny Weissmüller, el popular Tarzán de los monos.

Para no incurrir en spoiler (la novela está en https://ebiblioteca.org/) me limitaré a decir que Pascal desciende de los solitarios detectives de ficción que en el mundo han sido, en especial del Philip Marlowe de Chandler. Es, a voluntad, un antihéroe caricaturesco -a tono con la narrativa visual cultivada por el autor- que cuenta los sucesos en primera persona y, lo más importante, prepara un cóctel distinto al comienzo de cada capítulo.

34 cócteles: 10 de tequila, 4 imprescindibles

El libro puede beberse de una sentada, pero lo mejor es procurar los ingredientes para preparar los cócteles y bajarlos poco a poco. De lo contrario se olvidará de todo, se lo aseguro. Ahora bien, si usted, al contrario del protagonista, toma con moderación, le agarra el gusto a la historia y no despacha los 34 cócteles a razón de uno por capítulo, le puede interesar mi propuesta.

De los treinta y cuatro, diez son de tequila. Y de estos, cuatro son imprescindibles. Aquí se los dejo para que los disfrute junto al plus de la nota histórica que el barman narrador coloca al pie de la receta para estimular su apetito literario.

Tequila Sunrise

Sobre la invención del Tequila sunrise, la leyenda cuenta que un cantinero se quedó bebiendo, acompañado de un amigo, toda la noche. Al día siguiente, el dueño los descubrió borrachos en el bar. Cuando preguntó por qué estaban allí, el camarero pensó en una solución para que no le cobraran el consumo y dijo: «Para crear una bebida inspirada por la vista de la salida del sol en la barra». El cantinero vertió rápidamente un poco de tequila y el jugo de naranja, y agregó la granadina, para lograr los colores del amanecer. Este hecho se remonta a los años treinta. Algunos suponen que ocurrió en Florida, por la inclusión del jugo de naranja, típico de ese estado. Otros dicen, sin embargo, que sucedió en Acapulco, lo que es poco probable, pues el sol sale por las montañas. Aun así, el Tequila sunrise se convirtió en el emblema de los turistas, que adoran las palmeras y el relajante ruido de las olas, mientras Frank Sinatra canta Come fly with me.  

Margarita Frozen

El Margarita es hoy en día una de las bebidas más populares del mundo. La historia de sus orígenes es variada: Danny Negrete, quien en los cuarenta tenía un bar en el hotel Peñafiel en Tehuacán, la creó para su hermano y su esposa como regalo de bodas; otra versión cuenta que Enrique Bastante, en Tijuana, la elaboró en honor de Rita Hayworth, quien en realidad se llamaba Margarita Cansino; también se dice que, en la mismísima Ciudad Juárez, el bar Tommy’s Place lo sirvió a sus clientes en 1942 para la fiesta de independencia norteamericana; hasta se dice que Margaret Sames, una rica jubilada norteamericana, admite haberlo inventado para ofrecer el rudo tequila a sus invitados. Cada uno posee distintas combinaciones de las tres partes y todas son válidas. A más tequila, más fuerte el sabor. El siguiente paso en la historia de esta popular bebida se dio cuando se licuó con los hielos, se le dio una textura de nieve y se la adornó con una rodaja de limón agrio. Ya en 1953 la revista Esquire la nombraba la bebida del año. Para 1971, el químico John Hogan creó la máquina para hacer Margarita frozen para el restaurante Marianos en Dallas, y la hizo accesible a todos los bares en la unión americana. Hoy, en México, es correcto que se pregunte si se desea «en las rocas o frozen», escuchando Another saturday night, de Sam Cooke.  

Tequila y sangrita

La sangrita es la popular acompañante del tequila, y uno de sus orígenes fue en Chapala, Jalisco, hace cerca de sesenta años, donde Edmundo Sánchez era propietario de un restaurante junto con su esposa, y servía un tequila que él mismo preparaba a la usanza de los pequeños hornos de piedra. Como el alcohol era de preparación artesanal, tenía un sabor fuerte y tufoso, por lo que su esposa solía poner una mezcla de frescas naranjas, sal y chile rojo en polvo, para acompañar el tequila. Fueron tales el éxito y la aceptación de este concepto que, visionariamente, el señor Sánchez pidió a su esposa que, en lugar de poner las rebanadas de naranja en un plato, mejor les exprimiera el jugo en una jarra y les agregara la sal y el chile. Así la bebida adquirió un apetecible color rojizo, que más tarde le valió el título de «sangrita». Dicha idea provenía de una forma de beber el mezcal tequila barato de los trabajadores de la zona; hoy en día se volvió popular y casi necesario de servir cuando uno consume un tequila escuchando a Agustín Lara, que recuerda Acapulco con su María bonita.

Blue Margarita

Con el éxito del cóctel margarita en el mundo, comenzaron a aparecer variaciones afrutadas. Eran para distintos paladares que deseaban probar un nuevo licor, como el tequila, poco difundido en los sesenta. Con su llegada a todos los bares, su propagación fue veloz. Esta versión del margarita ha tomado mucha popularidad últimamente, como la música de Ann Margret y su éxito Mr. Kiss Kiss Bang Bang.

¡Salud!

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