Isabel II: La Reina que sabe brindar

Aquel mito que encasillaba a los británicos como gente de un paladar pobre se ha superado. Ellos han sabido valorar productos foráneos y servirlos con elegancia y acierto a comensales foráneos, al mismo tiempo ofrecen los propios, que han ganado fama internacional. Allí está su queso Stilton, sus cervezas y sus productos orgánicos de los que es fanático cultivador y consumidor el príncipe Carlos.

Pero en materia de bebidas los miembros de la monarquía británica han demostrado que saben de ese tema. Isabel Bowes-Lyon, madre de Isabel II, era una fanática de la ginebra mezclada con Dubonnet, combinación que tomaba como aperitivo antes de almorzar. La preparación consistía en 30% del transparente destilado y 70% del licor francés. La comida la acompañaba con vino, que solía tomarse una media botella. Después esperaba hasta la cena que precedía con un Dry Martini y antes de irse a la cama se tomaba una copa de champaña. Quizás esto haya sido su secreto de longevidad, falleció a los 102 años.

Su hija mayor, Isabel II de Inglaterra, según lo ha revelado alguien cercano a ella, continúa con la afición al Dubonnet. También lo combina con ginebra, mucho hielo y una ruedita de limón. En su almuerzo no le falta el vino y éste revelador de intimidades reales dice que se toma una sola copa. Porque para ella lo que cuenta no es la cantidad sino la calidad y así lo mostró en la cena de Estado que ofreció al Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, supervisada por Su Majestad en todos los detalles. Sirvió un Château Lafite Rothschild 1990, un vino tinto elaborado con una cuidada selección de uvas Petit Verdot, Cabernet Franc, Cabernet Sauvignon y Merlot de la añada 1990 con DO Pauillac. Este vino ha alcanzado excelente puntuación en todas las clasificaciones y el valor de cada botella supera los 1.000.

El Château Lafite Rothschild 1990 ha pasado entre 18 y 20 meses en barricas de roble. Al describirlo hay que destacar su elegancia y delicadeza. A la vista es rojo oscuro con ribetes violáceos. En nariz mezcla el aroma de fresas, cedro, hojas de tabaco y cassis con un toque mineral; en boca no decepciona porque es armonioso, carnoso, tiene cuerpo y conquista el paladar. Cualidades todas dignas de un monarca.

Pero la afición por el vino de Isabel II no se queda en la mesa, al igual que algunos de sus antecesores también ha sentido interés por el cultivo de viñedos y lo hace no sólo por emular a Enrique II sembrando sus propias vides, sino porque conoce lo lucrativo que puede ser el negocio cuando se sabe hacer. Según lo anunció el diario The Telegraph, en sus viñedos ordenó plantar más de 16 mil vides entre uvas Chardonnay, Pinot Noir y Pinot Meunier en 28 mil metros cuadrados.

Los vinos de Isabel II

Volvamos a las preferencias del paladar de la soberana. El Dubonnet, que encanta a los británicos quienes aman también el Oporto, es un vino fortificado al que se le agregan hierbas y cuya fermentación se detiene con la adición de brandy. Debe el nombre a su creador Joseph Dubonnet, que cuando lo elaboró lo hizo con un fin medicinal, pues le agregó quinina, que es antipirética y antipalúdica. Dubonnet estaba pensado en los soldados que viajaban a África y tenían que enfrentarse a la malaria.

Es un excelente aperitivo y en su elaboración se emplean uvas Moscatel de Alejandría, Garnacha y Carignan o Cariñena. Con el tiempo también ha ido evolucionado y hoy, además del rojo, también lo hay blanco y dorado debido a sus sabores de vainilla o naranja.

Los espumantes también están dentro de los vinos predilectos de Isabel II, quien a sus 93 se ve vital y ahora sonríe más que antes. Cuando nació su bisnieto George, para compartir ese momento de felicidad, invitó a sus empleados a una copa de espumante.

Una de las bodegas que le suministran burbujas a la Casa real de Inglaterra es Louis Roederer, que presume de tener una de las más costosas, la Cristal Jeroboam 2002 que alcanzó los 20.000 euros; en su portafolio también figura la Louis Roederer Brut Premier, elegido como la mejor champaña del mundo en 2018 en los premios The Champagne & Sparkling Wine World Championships. Otro de los galardones de esta casa es el haber alcanzado los 100 puntos en la lista Parker con Cristal Rosé 2002.

Pero Isabel II no se conforma con comprar champaña ahora produce vino espumoso hecho bajo el método champenoise en el viñedo de Windsor Great Park Vineyard 2014, administrado por Laithwaite. Hugh Johnson, toda una autoridad en la materia, señaló que: “El inglés burbujeante alcanza un nuevo nivel de emoción con Windsor Great Park».

Las variedades clásicas para este vino espumoso: Chardonnay, Pinot Noir y Pinot Meunier se plantaron en mayo de 2011 en una suave pendiente orientada al sur del Windsor, vecina a un pequeño lago, junto robles antiguos que brindan una protección natural contra el viento.

En la despensa real también cohabita el sparkling Hambledon Classic Cuvee Rosé NV. Una mezcla de 90% de Chardonnay y 10% de Pinot Noir, fermentada principalmente en tanques, con una pequeña porción (4%) en roble francés.

El rosado inaugural de Hambledon ha resultado cálido con tonos rosa y naranja. Las burbujas son finas y muy persistentes. En cuanto a los aromas se sienten los de fresas inglesas frescas con notas altas de levadura y toques florales. Lástima que Donald Trump no lo haya probado, pues él es un abstemio obstinado.

Hambledon produce las mejores uvas Chardonnay, Pinot Noir y Pinot Meunier del país. Tan satisfecha se siente de ese sparkling que durante una visita a París, la reina Isabel II sirvió vino de Hambledon al presidente Pompidou en la recepción que ofreció en la embajada británica de la Ciudad Luz.

Los comentarios que han originado este espumante sube los puntos de estos vinos producidos en Inglaterra que, además en 2018 tuvo una muy buena cosecha, debido al calor.

Elizabeth II de Inglaterra la reina más longeva de Europa nos enseña que reinar es más que llevar una corona, es ser la anfitriona que cuida los detalles y es también darse un buen gusto todos los días.

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