Grandes vinos en la mesa imperial nipona

En la cena de entronización del emperador de Japón celebrada en el Palacio Real de Tokio no sólo brillaron las tiaras que engalanaron los cabellos de las reinas y princesas; brillaron también, con igual intensidad, los platos de un banquete hecho con esmero para complacer los distintos gustos de los comensales. Y aunque Jiro Okuyama, vice-gran maestro de ceremonias de la Casa Imperial, dijo a los periodistas que se servirían platos como espárragos envueltos con carne de res y cangrejo frito, también informó que el menú sería modificado para cada invitado, pues se tomaron en cuenta las restricciones alimentarias particulares. Por lo tanto, los vegetarianos tendrían su menú, mientras que el de los musulmanes sería halal.

Entre otras delicadezas culinarias se sirvieron la sopa de langosta japonesa, el dorado a la parrilla, el abulón al vapor y las apreciadas setas matsutake. La versión vegetariana reemplazaba la carne de vacuno por yuba o la piel de leche de tofu.

El protocolo fue estricto, como es costumbre en Japón. En la mesa, junto a los nuevos emperadores, se sentaron Hassanal Bolkiah -sultán de Brunei, con 52 años en el trono- y Carlos XVI Gustavo de Suecia, quien comenzó su reinado en 1973.

En cuanto a los licores sabemos que se brindó con sake, jerez Medium dry Sanderman, Corton Charlemagne 2011 y Chateau Margaux 2007. Aunque no se reveló cuál sería el alcohol nipón servido en la mesa, esperamos que hayan sido los considerados como los tres mejores licores de arroz: Juyondai con su suave aroma a vainilla; el Dassai, cuyo secreto radica en que el arroz que se utiliza se pule al extremo y, por último, el Dassai Enter Sake Revolutions que termina su elaboración haciéndolo girar en una prensa cuya fuerza centrífuga hace que se produzca un sake muy suave. Según los expertos, este sake Dassai comienza con un aroma elegante y termina delicadamente dulce y suave. Se perciben notas tropicales de piña, jengibre y melón verde en el paladar para terminar seco con una ligera mineralidad.

El jerez tiene un lugar especial en la bodega de los emperadores, pues ha estado presente en los banquetes de Estado ofrecidos a los Obama y a los reyes de España. Se trata del Jerez Medium dry Sandeman, un buen aperitivo. Se elabora con 95% de uva Palomino y 5% de Pedro Ximenez. Este vino es envejecido con el método solera. Su color ámbar oro resultó perfecto para el brindis imperial porque se hermanó con los destellos de las gemas de las reinas y princesas que allí se dieron cita. En nariz resulta agradable debido a esos toques ahumados, para luego en boca llegar con cierta dulzura, desplegar sabores de nueces y regalar un final limpio y armonioso, perfecto para despertar el paladar y así poder disfrutar de los sabores marinos que inauguraron la mesa.

El segundo vino servido fue el Corton Charlemagne 2011, un blanco que se ubica entre los grandes de Borgoña. El sólo leer sus notas de cata ya es un placer que estimula la memoria y activa el paladar. A la vista es pálido, con matices dorados. En nariz sus notas son mantecosas, con presencia de frutas cítricas, manzana cocida, miel y especias. En boca no decepciona debido a su alta concentración, equilibrio, frescura y complejidad. Esta Denominación de origen (Corton Charlemagne) se elabora con uvas Chardonnay. Fue un acompañante perfecto para el abalón y la sopa de langosta.

Su nombre está vinculado a otro emperador: Carlomagno, quien, según la leyenda, fue dueño de las colinas de Corton. Un monarca de la cristiandad cuya religión no pudo frenar su apetito carnal ni la afición al buen vino que lo llevó a poseer varias bodegas.

La personalidad del Corton Charlemagne se hace sentir y es un excelente compañero del queso Stilton, una experiencia tan voluptuosa que en un banquete donde se exige sobriedad y compostura no se recomienda, porque puede escaparse un gritico de placer y ser mal interpretado.

El otro vino que llenó las copas de estos reyes y jefes de Estado fue el Château Margaux 2007, toda una joya. Château Margaux es una propiedad de 90 hectáreas que produce aproximadamente 30.000 cajas por año y está situado en el centro de la denominación de Margaux. Conociendo lo estudiosos y meticulosos que son los japoneses no es de extrañar que hayan incluido este vino en la carta de un día memorable, como el de la entronización de su Emperador. La elegancia se une con los clásico para regalar un vino perfecto, que muchos lo califican como un monumento y representa la grandeza de Burdeos.

La publicación Decanter expresó que Margaux destaca por su expresión de cereza dulce y fruta de cassis. El final es un toque de mentol y el perfume hace contacto con el paladar. Esta es una cosecha que aunque esta lista para beber, el grafito y la delicadeza de los taninos sugieren que también podría durar más. Es un gran ejemplo de la sutil elaboración de la añada 2007.

Parker le dio a este señor de Burdeos 92 puntos. Otros expertos dicen que presenta aromas de incienso, moras y tabaco, aunque extrañan la naturaleza floral de otras añadas. En el paladar lo encuentran bien equilibrado y notan la presencia de fruta negra mezclada con grafito y tabaco. Hablan de su madurez pero acotan que tiene suficiente sustancia para durar unos cuantos años más.

Estos vinos traducen lo que significa la era Reiwa: perfecta armonía, tiempo que se inició el primero de mayo de 2019, cuando Naruhito fue proclamado emperador. Esperamos que para Masako, la nueva emperatriz, quien se mostró sonriente y segura en estos actos, sean tiempos para demostrar sus conocimientos diplomáticos y liberarse de su pasado reciente.

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